martes, 3 de diciembre de 2013

Idilio

Se dejaba escuchar, tal cual como aquellos lectores que no han de sentir envidia cuando el sentimiento ajeno se ve reflejado en sus letras, del mismo modo ella oía, dejaba que mi voz examinara su pensar, que penetrara en su sentir, iba cerrando los ojos para escucharme de una mejor manera, de modo más profundo, de una forma mayormente íntima, eramos ella y yo nada más, nadie más.

Iba apartando su cabello de a poco, dejándose envolver por mi voz, por el sonido de la misma, iba incitando mis ganas al mostrar su cuello, mientras seguía retorciéndose por las palabras que salían de mí, se dejaba acariciar y sentir por mi boca. Tomaba mi mano mientras me aproximaba a su oído entre habla y tacto, me dejaba estar a la puerta de su pasión, tocar la piel de su rostro, atar mis besos a su cuerpo, todo esto mientras ella atendía a todo lo que había de recitarle. Se paseaba en mi magrear. De sus labios a mi boca el espacio era reducido, así lo prefería, de ese modo sentía que mis palabras llegaban directo a su alma, desnudándola para mí. Yerro sería el no estar juntos, más que pensar que el hacerlo era pecado. Su cuerpo me incitaba, anclando aun más palabras sin desliz a mi departir.

No sé si era irónico el hecho de hablarnos con miradas encontradas, cuando de hecho se colocaban palabras sobre la mesa, sin embargo, cada parpadear era interpretado de forma diferente, toda manera de mirar era distinta, transmitía pasión, agrado, deseo, ternura, incluso de a momentos expresaban la inconformidad de no poder dialogar constantemente. Los guiños eran distintos, eran afirmaciones, el repudio se mostraba entre sonidos, aunque todo era silencio, jamás existió más sonido que el de mis palabras, palabras que viajaban directo a su atención, aquella que tanto me prestaba.

Aprendimos braile sin ser ciegos, nuestros cuerpos como libros, nuestras manos como ojos, la referencia eran tus labios, aquellos que constantemente se encontraban con mi boca. Mis dedos se desdibujaban entre tu silueta que se estremecía, ilustraban la ansiedad de una pasión que no podía enjaularse, toda la pasión la retrataban las ganas hasta que al fin callé. Callé pero no despertamos, no despertaban nuestras figuras, hundidas en el trance que esclarecía nuestro idilio.

@Neurotlco



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